Francia llamó a su embajador en Italia después de que el vicepremier italiano, Luigi Di Maio, se reuniera el martes con voceros del movimiento de protestas de los 'chalecos amarillos', algo que París consideró una 'injerencia inaceptable'.

Horas después, el otro viceprimer ministro italiano y líder de la ultraderechista Liga Norte, Matteo Salvini, emitió una nota en la que aseguró que no quiere un conflicto con su vecino.
'No queremos reñir con nadie, no nos interesan las polémicas, somos personas concretas que defienden los intereses de los italianos', aseguró en un comunicado reproducido por la agencia de noticias EFE.



 Salvini, muy crítico con Macron y próximo a la ultraderechista Marine Le Pen, destacó su disposición a reunirse con el jefe de Estado francés y su gobierno y afrontar lo que para él, como ministro de Interior, son 'tres cuestiones fundamentales'.

En ese sentido, solicitó al gobierno francés poner fin a la devolución de migrantes en la frontera norte de Italia, pidió la extradición de una quincena de extremistas italianos y reclamó mejor trato para trabajadores italianos que cruzan a diario a Francia y que en la frontera 'son literalmente vejados cada día por controles que duran horas'.

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